Cine/Historia/Reportajes

Amigos de enemigos en las trincheras

   ¿Es posible que entre enemigos puedan surgir episodios de comprensión y amistad? En la Primera Guerra Mundial pasó. El otro día fui a ver Warhorse. He de decir que me pareció un peliculón. Larga, bonita, muy cuidada y ambientada en la Primera Guerra Mundial.

    Hay un hecho sorprendente en la película y es que en cierto momento hay un alto el fuego entre ingleses y alemanes. De hecho, dos soldados enemigos llegan a compartir una conversación bastante larga mientras sus compañeros miran.

    Esto que parece sorprendente no es tan inusual.

    Según el libro de Jesús Hernández, ¡Es la guerra! Las mejores anécdotas de la historia militar, un soldado inglés llamado Bertie Felstead contó como se jugaron partidos de fútbol amistosos entre ambos contendientes la Navidad de 1915.

    Al parecer Bertie y sus hombres escucharon un villancico el día de Nochebuena. La canción procedía de las líneas alemanas y, al día siguiente, según cuenta el soldado inglés, “los alemanes comenzaron a salir de sus trincheras desarmados y salimos a abrazarles”. Luego jugaron al fútbol teniendo como resultado, según la Wikipedia, 3 – 2 a favor de Alemania.

    Os recomiendo esta película:

    También he podido leer en más de una ocasión esta historia en internet pero nunca he logrado comprobar su veracidad. No obstante es un episodio bastante emotivo.

    Nochebuena de 1942, Batalla de Stalingrado:

    Debido al intenso asedio de las tropas alemanas, a los soldados soviéticos que defendían la ciudad se les agotaron las municiones y empezó a escasearles la comida. Este también fue uno de los más crudos inviernos que se recuerde y para colmo, ya casi no tenían leña para quemar. La moral de los soviéticos estaba por los suelos y las deserciones de sus soldados empezaban a ser preocupantes.

   Buscando una manera de inyectar ánimo a sus soldados, el alto mando soviético ordenó que se reclutara a los músicos más importantes de la URSS. La idea era regalarles un gran concierto navideño al aire libre, justamente en el centro de la ciudad, donde pusieron a punto unos enormes altavoces para que la música sonara en todos los rincones de la devastada Stalingrado.

   Así pues, llegaron actores, músicos y bailarinas, y entre estos artistas se encontraba el joven violinista Boris Goldstein, quien se alejó del grupo y se dirigió a las trincheras para curiosear en que condiciones vivían los soldados. El violinista ruso estaba impactado, nunca había visto un campo de batalla con tanta muerte y desolación como el de Stalingrado. Casi todo estaba destruido por las bombas y la artillería, y junto a los cadáveres de los soldados que yacían en el suelo, le horrorizó ver muchos esqueletos de caballos que habían sido literalmente “devorados” por las tropas hambrientas. Todo este horrendo paisaje conmovió de tal manera a Goldstein, que se inspiró como nunca y tocó magistralmente su violín para los soldados soviéticos. Empezó interpretando canciones típicas del folklore popular ruso, ya que el alto mando tenía prohibido tocar melodías extranjeras, peor aún alemanas; pero, en un momento de su interpretación, Goldstein hizo caso omiso de las órdenes y empezó a tocar piezas navideñas del compositor alemán Johann Sebastián Bach. Las melodías que interpretaba Goldstein con su violín también podían ser escuchadas en las trincheras alemanas por el efecto de los grandes altavoces que pusieron, y de repente, como si de un milagro se tratara, cesaron los tiroteos y la artillería. En medio de aquel sepulcral silencio, sólo se escuchaban las notas desgarradoras del violín.Cuando el violinista terminó, un gran silencio se apoderó de las tropas soviéticas, y desde otro altavoz situado en las trincheras alemanas, se escuchó una voz vacilante que en un incipiente ruso pidió: “Por favor, toquen algo más de Bach. Nosotros haremos un alto al fuego.” El alto mando soviético aceptó la petición y Goldstein volvió tomar su violín e interpretó un Gavotte de Bach. En ese momento, incluso los técnicos alemanes acoplaron sus micrófonos para que la música pudiera oírse con mayor nitidez en su lado. Muchos soldados alemanes terminaron cantando el “O Tannenbaum”, típico villancico germano, y algunos rusos ortodoxos clandestinamente, también cantaron algunas canciones típicas. Se produjo una tregua de hora y media. Por una hora y media en el infierno de la peor batalla de la historia, se abrió una pequeña ventana del paraíso.

Miguel de Martín Pazat de Lys.

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3 pensamientos en “Amigos de enemigos en las trincheras

  1. No se si soy BICI genia pero sed soy BICI adicta =) desde que en nvmreobie 2011 me reencontre con la bici y pense9.. a ver q onda ir a laburar en bici ? No pare9 mas todos los dias Colegiales-Plaza de Mayo! es un placer! tardo menos que en subte y puedo RESPIRAR!!!Un placer poder participar!! Hay otra calle muy amigable Teodoro Garcia.. tiene una trepada linda de empedrado, pero esta muy buena y los conductores respetan bastante a los ciclistas!

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  2. Pingback: Amigos y enemigos en las trincheras | Facts are sacred

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