Análisis y críticas/Música

Andy McKee en Madrid: el viaje que hace grande lo pequeño

No hace falta ir a un gran estadio para ver un concierto espectacular. Ni siquiera a una sala de medio aforo para mil personas. A veces un pequeño local y 50 asistentes vale. No es fácil de conseguir, pero se puede. Y el guitarrista Andy McKee lo hace con creces. Sin preocupaciones ni muestras de esfuerzo. De una forma natural logró seducir a la audiencia con su impresionante técnica y su simpatía.

Las giras más conocidas, con escenarios enormes, hacen que te fijes en lo espectacular: fuegos artificiales, un escenario gigantesco, enormes columnas de amplificadores… todo está pensado para que, además de música, haya momentos tan impresionantes como si de efectos especiales del cine se tratase. Pero cuando cuando sólo hay cincuenta personas y una guitarra todo cambia. Hay que ser bueno, muy bueno. Y también original. Andy McKee es las dos cosas. Es capaz de hacer que la Sala Moroder Club, en Madrid, sea tan grande como tu imaginación te permita gracias al viaje musical que él propone en directo. Preciosas melodías, interpretadas haciendo tapping con ambas manos -técnica que consiste en presionar las cuerdas con los dedos para hacerlas sonar-, dejaron a la audiencia embelesada con cada canción.

Comenzó con Common Ground para seguir con Drifting, su tema más relevante y que le catapultó a la fama en el 2005 gracias a un vídeo en YouTube con más de 50 millones de visitas. Después tocó su conocida versión Africa del grupo Toto. Todas sus canciones tienen ese componente espectacular que hace que, aunque no sean tan famosas como las primeras, el público se quede observando cómo las manos de Andy McKee se mueven sin parar a lo largo de todo el mástil de la guitarra. A continuación, poco después de confesarnos su debilidad por los grupos de los ochenta, versionó Everybody wants to rule the world del grupo Tears for fears. Entre pausa y pausa nos cuenta cosas técnicas de cómo interpretar tal o cual parte de un tema, nos explica el porqué de un título y a quién va dedicado. En definitiva, nos demuestra que la música es su vida.

 

Sin esfuerzo, con los ojos cerrados, el artista interpretó temas como The Reason, For my Father, Rylynn, Away, Into the ocean y la canción que da nombre a su último EP, Mythmaker. Según nos dijo, ésta va dedicada a todos los creadores de música que nos permiten evadirnos. Justo lo que él hace. Art of Motion, The Friend I ever met, Heather song y Ebon Coast también fueron tocadas con tiento y pasión. Es tal el tute que da a la guitarra que cada poco tiempo tiene que reafinarla. Y lo hace hablando, como si estar escuchando en qué tono está una cuerda no fuese con él. Tiene tan interiorizado cómo hacer las cosas que parece que su instrumento es simplemente un apéndice más de su cuerpo.

 

Para finalizar versionó a Don Ross con Tight Trite Night y a Michael Hedges con la complicada Aerial Boundaries. Luego tuvo el detalle de quedarse a charlar con varios de los presentes y hacerse fotos. Nos contó que abrir para Dream Theater en México fue una gran experiencia, o tocar para 20.000 personas en Australia, pero que no estaba nervioso. Y es que Andy McKee es como un viaje. Sale y se pone a tocar la guitarra, a volar. En muchas ocasiones, mientras interpreta complicadísimas secuencias de notas, tiene los ojos cerrados. No se fija si el público se cuenta por miles o si tan sólo por decenas. Mientras está en lo alto, con su música, engrandece la sala donde toca y luego, cuando termina, aterriza y se convierte en uno más.

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